Ayer, las Bestias me invitaron a una de esas cosas. Les dije cortésmente que me era imposible asistir pero insistieron. La conversación fue más o menos así:
Animal - Soma, vamos de antro al Bambaata el viernes; todas mis amigas quieren que vayas.
Soma - No.
Animal - Anda, se va a poner divertido, van a haber chicas, y como es en una zona VIP veremos extranjeras
Soma - Animal, tú, tus amigas y amigos vayan al bambaata, diviértanse, tomen, embriáguense, pongan sus vidas en las manos de un conductor que apenas puede ver su propia naríz, viajen a alta velocidad, derrápense, sálganse del camino, den vueltas, estréllense contra un poste, vuelen a través del metal, cristal y concreto y caiga de cabeza al pavimento, estréllense, ábranse el cráneo en mil pedazos, rieguen sus sesos por media avenida, úntense por la banqueta y permanezcan inertes con los ojos vidriosos y fijos hacia el bello firmamento nocturno. Entonces envíame un mensaje y les iré a hacer compañía mientras llegan sus padres.
Animal - ...
Soma - ¿Fui claro?
Animal - Mis amigos creen que eres raro.
Soma - No acepto cumplidos de desconocidos.
Animal - Sólo tenías que decir "no".
Soma - Lo dije.
Animal - Bueno, pero entonces, ¿tienes celular? Dijiste "mándame un mensaje".
Soma - Era un planteamiento retórico, animal ya se que te encanta usar tu celular aunque no te marquen. No iría a verte ni aunque yacieras en el pavimento en un charco de sangre con ratones comiéndose tus dedos y cuervos sacándote los ojos de las cuencas ensangrentadas. O quizás sí, el cuadro se oye inspirador. Podría tomarte fotos.
Animal - ...
Soma - ¿Estás llorando?
Animal - ... no...
Soma - Qué mal... no lo hice bien entonces. ¿A dónde vas?
Después de eso, animal se fue corriendo con las manos en la cara, con tan buena suerte, que se tropezó con un escalón y al caer se fracturó la mandíbula y una muñeca. En esas condiciones, no creo que se pueda mover mucho para el viernes. Los otros chicos fueron a verlo al siguiente día y le firmaron el yeso de la muñeca y el de la boca, y el collarín. Se veía tan gracioso; parecía un gorila mecánico. Yo habría ido a firmar el yeso también, pero no me habrían dejado entrar con martillo y cincel en mano. El se lo pierde.
Saliendo de casa de animal, uno de los chicos me encaró reclamándome el cómico incidente de las fracturas; me conmovió tanto su solidaridad... el fue tan dulce, tan amigable, mostró querer estar cerca de animal. Así que después de gritarme dos o tres palabras, la mandé a hacer compañía a animal, cuando su mandíbula se impactó contra mi martillo. Ahora, los dos amigos comparten una bella experiencia y se hacen compañía en la misma habitación. Los dejaron quedarse juntos.
Eso es amistad.